LA UNIVERSIDAD DE CLASES Y EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL COMO SUJETO POLÍTICO

Por Celeste Murillo y Ariane Díaz

“Los obreros se niegan a dejarse explotar por el régimen capitalista y los estudiantes nos negamos a transformarnos en dirigentes de un sistema basado en la explotación”.
U.N.E.F., Paris, Mayo de 1968

Cada nueva lucha nos plantea nuevas/ viejas discusiones sobre el movimiento estudiantil, su constitución, sus capacidades, sus aliados, su definición. Nuevas porque cada lucha se enmarca en nuevas circunstancias y contradicciones que analizar y nos trae nuevas fuerzas para discutirlas y afrontarlas, porque cada una es una nueva oportunidad de poner patas arriba esta universidad en decadencia en esta sociedad decadente. Viejas porque el movimiento estudiantil ha demostrado ya en muchas batallas el importante rol que puede jugar en esta pelea y en cada una se han planteado estas contradicciones, potencialidades y límites que en su acción intentó resolver. De cada victoria y de cada derrota podemos sacar conclusiones para no empezar de cero cada vez. Intentaremos esbozar aquí las características históricas que ha ido adquiriendo el movimiento estudiantil que nos sirvan para sacar esas conclusiones que necesitamos en las tareas que se nos presenta hoy1.

Analizar el movimiento estudiantil universitario plantea una serie de preguntas y posiciones sobre el carácter de la institución y el régimen universitario, sus objetivos, sus contradicciones, las posibilidades de reformarla, transformarla, defenderla, atacarla. El surgimiento de la burguesía transformó las viejas instituciones educativas en sus contenidos, en los valores que imparte, y en su organización, para ponerlas al servicio de las necesidades e intereses de la nueva clase hegemónica. Muchos parten también de esta definición, pero, así como la realidad no se reduce a un número reducido de leyes estáticas, los distintos procesos históricos deben estudiarse dando cuenta de las contradicciones y mediaciones que presenta, en su dinamismo y en su desarrollo histórico. La definición de este régimen universitario en tanto funcional a la burguesía (importante como primera definición en la medida en que remarca su carácter de clase, pero sólo como primera), no sirve si no se utiliza ese criterio para analizar la dinámica que toma este carácter en relación con las otras clases y los cambios históricos que se han desarrollado en relación a ella, en tanto no puede explicar entonces el salto en los actuales ataques de la burguesía a la Universidad, que se le ha hecho “disfuncional”. De estas consideraciones parte el análisis aquí esbozado.

En primer lugar, intentaremos aportar al debate sobre el carácter de la institución universitaria y la defensa de la conquista de gratuidad; en segundo lugar, abordaremos la discusión acerca de la definición del movimiento estudiantil.

  1. Defender la educación pública contra la elitización y privatización. Pelear por transformarla y abrir sus puertas a las mayorías obreras y populares

A lo largo de las últimas décadas de privatización y saqueo imperialista, los diferentes gobiernos desde la dictadura han cedido el control de las telecomunicaciones y los servicios y han vendido hasta Aerolíneas Argentinas a precio de feria, llegando al colmo del déficit cero, atando directamente el salario de los trabajadores a los intereses de la deuda externa y la recaudación del fisco. En este escenario de entrega, la universidad pública (y la educación en general) es casi lo único que no se ha privatizado; por eso la defensa de la gratuidad y la masividad lejos de ser una consigna “estudiantil”, tiene un enorme significado para las amplias mayorías de la sociedad. Partiendo de esto es que pensamos que la universidad pública es una conquista a defender y extender.

La institución que pensó la burguesía para educar a sus futuros técnicos e intelectuales, formándolos con un juicio adaptado a los valores de esta sociedad, se vio conmovida por la entrada masiva de sectores de las clases medias a partir de los años ’60. Desde ese momento la clase dominante prefiere formar a sus burguesitos en algunos institutos muchos más selectos que las universidades públicas. La universidad, como institución, nunca dejó de funcionar como usina de ideología burguesa, ya que responde como otras a intereses de clase, más exactamente a los de la clase dominante. Esta clase la ha usado para justificar con distintas teorías el irracional sistema capitalista, donde una minoría se apropia de los que produce la enorme mayoría del planeta; y no sólo eso, ha entrenado técnicos, ingenieros y profesionales funcionales a este sistema. Pero la realidad en esas casas de estudio se ve cruzada por contradicciones. Por un lado empezaron a ser disfuncionales, gastando demasiado dinero del Estado, pero al mismo tiempo albergaban en su seno a los hijos de los sectores que eran base de sus gobiernos, las clases medias.

A partir de ese momento se han intentado aplicar toda clase de planes para superar la “crisis de la educación superior”, pero también se ha expresado la resistencia de amplios sectores a renunciar a la conquista que significa una universidad con acceso masivo. Por eso para comprender la crisis que vive la Universidad no podemos sólo partir de consideraciones económicas, es decir, de si las instituciones universitarias son plenamente funcionales a la reproducción del capital. Pero aunque este es un elemento clave, no podemos dejar de lado la incidencia de la lucha de clases que condiciona las opciones y las políticas de los capitalistas. Un elemento a tomar es la conciencia y el nivel de politización del movimiento estudiantil, cuya relación con la institución universitaria no es mecánica. Ya vimos que el movimiento estudiantil ha sabido actuar “a la derecha” frente a la Revolución Libertadora en el ‘55, atacando sindicatos y siendo anti-obrero; o bien actuando en alianza con los trabajadores en los años ’70, comprometido con un cambio social profundo, enfrentado a la dictadura militar y al imperialismo.

Podemos ver en Argentina una muestra de esta relación entre funcionalidad y política. El acceso de las clases medias a la educación superior no podemos verlo escindido del proceso que empezó a fines de los ’40: la sustitución de importaciones. Esta pseudo-industrialización le exige a la burguesía mayor cantidad de técnicos y profesionales, por lo que debe abrir las puertas de las universidades a los sectores medios. Pero junto a esto, y en estrecha relación hay una política clara de concesiones a las masas que a su vez les permita ganárselas como base social. En los países latinoamericanos se pusieron en pie grandes casas de estudio: donde se mezclaban las necesidades de las clases dominantes y las aspiraciones justas de los sectores medios. La Universidad se convirtió así en la esperanza de una posibilidad de ascenso social para el conjunto de la sociedad, vía de ascenso que finalmente se limitó a la incorporación de la pequeñoburguesía y no el conjunto de los trabajadores y el pueblo, pero que significó una gran ampliación de los sectores sociales que acceden a ella.

El avance del neoliberalismo produce hoy un salto en los ataques a la Universidad, intentando subordinarla a los nuevos intereses. Por eso de los conceptos de Igualdad y Masividad se pasan a los de Equidad y Calidad. Eso es lo que han hecho en Chile, lo que intentaron en México, y lo que intentan hoy en Argentina.

Es una realidad que, salvo en algunos países y universidades, se ha mantenido aunque diezmada la universidad de masas gratuita y de ingreso irrestricto, aún cuando se vuelve disfuncional en el plano económico: grandes gastos para formar intelectuales y técnicos que no podrán tener un lugar en el mercado de trabajo. Tal es la situación de algunos países semicoloniales como Argentina. El sueño del intelectual “liberal”, relativamente independiente en su actividad como los de otrora, fue limitado hace tiempo, en todo caso, a la suerte de encontrar algún empleo dentro de lo que uno estudia, siempre y cuando encontremos un empleo y no pasemos a engrosar la ya gruesa franja de desocupados. Los contenidos han quedado “retrasados”, esto es, aún demasiado amplios para las necesidades de un capitalismo cada vez más monopólico y parasitario, y carreras enteras, como las humanísticas, directamente inservibles.

En medio de esta contradicción y en compañía de toneladas de ideología reaccionaria, las universidades se transformaron en enormes enseñaderos, que mantienen la idea del ascenso social, manteniendo cooptadas a las clases medias que suelen ser la base social de los regímenes burgueses.

Los capitalistas intentan dar una salida reaccionaria a la crisis de la universidad

Los capitalistas y sus gobiernos no están interesados en mantener la educación pública, ni pueden hacerlo, ya que no pueden seguir formando profesionales que no pueden ser parte del proceso productivo. Desde hace algunas décadas los gobiernos latinoamericanos (con el buen consejo de los hombres del Banco Mundial) han declarado la guerra al acceso masivo a la educación, en especial a la educación superior. Siguiendo el modelo chileno, no existe sueño más grande para la burguesía que una universidad con acceso restringido, arancelada y a la medida de los pulpos capitalistas, que financian las carreras según sus necesidades.

Los gobiernos han avanzado, al tiempo que acaban con las conquistas de los trabajadores, la salud, etc., en reducir los presupuestos para educación. Esto ha ubicado a la universidad en un callejón sin salida: totalmente desfinanciada debe imponer el arancelamiento, mientras se somete directamente (aún más) a las grandes empresas. El Estado se desentiende de la obligación de garantizar el acceso a la educación. Esta es una salida posible para la crisis de la universidad. Y los avances en este sentido han dejado de ser mera propaganda y se han concretizado. Las pasantías negociadas con las grandes empresas de telecomunicaciones como en Argentina (en los que el Rectorado se queda con el 20% de los salarios de los estudiantes que trabajan), el soborno del FOMEC frente al mísero presupuesto educativo para desarrollar la ciencia y la investigación a la medida de los laboratorios como Roemers, los cupos, y hoy el pedido explícito de arancelar si queremos un nuevo “salvavidas”, son las políticas que han llevado adelante. La elitización y los planes de estudio manejados por las grandes empresas garantizaría la formación de un sector minoritario, entrenado para defender los intereses de la burguesía. Este es un ataque directo que busca la transformación profunda de la universidad, y se lleva consigo la enorme conquista de la gratuidad y la masividad de la educación superior.

Los trabajadores y el pueblo: los únicos aliados  a la lucha por la educación pública

Sólo existe una clase verdaderamente interesada en pelear por el acceso público a la educación, la clase obrera. Por supuesto los trabajadores y el pueblo no tienen ningún interés en defender una universidad que forme a los gerentes de este sistema basado en la explotación, pero si está dispuesto a defender el acceso a la formación de profesionales e intelectuales que sirvan a las necesidades de las amplias mayorías, como ingenieros que solucione el problema de la vivienda que acucia a miles de familia, abogados que los defienden frente a los ataques del régimen, sociólogos e historiadores que desmitifiquen la ideología de ocultamiento y naturalización de la explotación que construyen para poder seguir tranquilos ampliando sus ganancias. Ante esta realidad, el movimiento estudiantil que es crítico frente a la ideología oficial, no puede dejar de ver que defendiendo la universidad pública (que es una enorme conquista y legítima demanda) y en una sólida alianza con los trabajadores está la fortaleza que necesitamos para ganar la pulseada.

Hoy somos los primeros en defender la universidad pública; y no podemos dar una pelea a medias frente a la elitización y la privatización. Partiendo de esa conquista el movimiento estudiantil junto a sus aliados puede transformar esas fábricas de ideología justificadora que son las universidades en usinas de ideología revolucionaria, al servicio de la construcción de una nueva sociedad. La nueva generación de intelectuales que surja, tiene razón de ser si nace al calor del cuestionamiento de la ideología oficial y la ambición de superar, junto a los trabajadores, el decadente pensamiento burgués. Esta tarea es posible pensándola en clave revolucionaria, al servicio de transformar esta sociedad.

  1. Agudizando el oído: el movimiento estudiantil como caja de resonancia

Las  transformaciones que plantamos anteriormente introdujeron en la universidad burguesa las contradicciones que hoy la recorren e incorporaron nuevos aspectos a la definición que los marxistas clásicos habían hecho del movimiento estudiantil.

En primer lugar debemos definir “movimiento estudiantil”, que no es lo mismo que “estudiantes”. Estudiante es la descripción de una determinada actividad en sí misma transitoria y no determinante (en el sentido de no obligatoria como el trabajar para vivir) de un individuo. Movimiento estudiantil se refiere a la capacidad de estos individuos de actuar colectivamente como sujeto político en una determinada situación histórica y con un determinado peso político en una sociedad.

El marxismo clásico ya había caracterizado el rol político que los estudiantes cumplían como amplificador de las contradicciones de los distintos sectores de donde provenía. Esto se debía a su heterogeneidad de clase (burguesía y pequeñoburguesía) y por la propia actividad de los estudiantes, esto es, el ejercicio intelectual del análisis abstracto de la sociedad, que los hace más sensibles a los crisis y cambios producidos en ésta. Pero en esa época, el eco mostraba las contradicciones sólo de dichos sectores, que incluso mantenían frente a la sociedad una relación de “pirámide invertida”, como la definía Lenin2. De la misma caracterización partía Trotsky para definirlo como “caja de resonancia” en 1910 discutiendo con Max Adler:

…en el estudiantado se reflejan a toda potencia, exactamente como en una cámara de resonancia, los intereses y aspiraciones sociales generales de las clases en que es reclutado. En el curso de toda su historia –tanto en sus momentos heroicos, como en los períodos de atonía moral- el estudiantado europeo fue más que el barómetro sensible de las clases burguesas. Se hizo ultrarrevolucionario, fraternizó sincera y honradamente con el pueblo, cuando la sociedad burguesa no tenía otra salida que la revolución. Sustituyó de hecho a la democracia burguesa cuando la mezquindad política de ésta última no le permitió ponerse al frente de la revolución, como sucedió en Viena en 1848. Pero el estudiantado ametralló a los obreros en junio del mismo ‘48, en París, cuando la burguesía y el proletariado se encontraron en lados opuestos de la barricada. […] En todas estas metamorfosis históricas, incluyendo las más repelentes, el estudiantado reveló sentido político, capacidad de sacrificio e idealismo combativo […] El contenido político de ese idealismo viene determinado íntegramente por el genio de las clases de que procede el estudiantado y a las cuales retorna”.

Esta definición no toma entonces a los estudiantes como constituyendo una clase social distinta, sino actuando según sus intereses de clase frente a las grandes crisis sociales, y su tendencia a unirse a uno u otro lado de la barricada. Pero con el surgimiento de la universidad de masas, con la ampliación de los sectores que acceden a la universidad y por los límites que le impone la propia burguesía, incapaz aún de dar algunas concesiones, incorporamos a la definición la amplificación no sólo las contradicciones de las clases de donde proviene, sino del conjunto de la sociedad. La misma burguesía que, cada vez más rapaz y más decadente, debe además atacar al conjunto de las clases para sobrevivirse, arrastrando al conjunto de la sociedad a la barbarie, da una base común, la lucha contra un mismo enemigo, el terreno fértil de las luchas contra un mismo sistema en que el movimiento estudiantil puede o bien ocupar el proscenio de la lucha de clases y desencadenarla, como fue en México, donde la defensa de la universidad pública contra los planes del FMI y sus demandas se hicieron eco de las demandas de una sociedad mexicana en crisis frente a la falta de democracia y la omnipresencia de un régimen que sólo daba “libertad y democracia” a las multinacionales y al imperialismo para desarrollarse con el suelo y la sangre de miles de mexicanos; o bien unirse a las luchas del conjunto de los explotados y ser un actor político de la lucha contra la explotación confluyendo con las demandas del conjunto de la sociedad. El ataque del gobierno hoy al conjunto de los trabajadores y el pueblo para “honrar” a un imperialismo que ya no sólo quiere “reconvertir” la universidad sino eliminar definitivamente su carácter público e irrestricto, pone frente a esta posibilidad al movimiento estudiantil argentino.

Por eso, a diferencia de quienes tienen una visión de que la lucha estudiantil sólo se reduce al objetivo de conseguir algunas reivindicaciones “estudiantiles”, nosotros analizamos el fenómeno desde una perspectiva que permite ver su empuje catalizador de las contradicciones fundamentales de la sociedad y muchas veces, de anticipo de los estallidos y conflictos que viene preparando la lucha de clases. Así, en los últimos 40 años el movimiento estudiantil ha confluido con las demandas de los trabajadores y el pueblo cuando, defendiendo sus propias demandas frente a los ataques, las ha ido radicalizando hacia demandas para el conjunto de la sociedad (como fue el caso del Mayo Francés, el Cordobazo en Argentina o el mismo caso mexicano en el ’99); o bien levantando demandas directamente políticas, que son demandas del conjunto de los trabajadores y el pueblo frente a regímenes dictatoriales, como fue el caso de los estudiantes indonesios contra la dictadura de Suharto, o de los argelinos hoy, contra la dictadura de Bouteflika y sus generales.

La definición de caja de resonancia supone, entonces, la no-homogeneidad del movimiento estudiantil sino, justamente, su tendencia a la polarización, no sólo dado por el origen de clase mayoritario hoy día de los estudiantes, pequeñoburguesía, sino por el lugar político que está llevado a ocupar, que acelera y plantea más claramente esta lucha política entre las distintas alas en que se divide. Volviendo al gran ejemplo dejado por el movimiento estudiantil mexicano y su Consejo general de Huelga (CGH), ese principio de democracia directa (esa democracia que tanto atacaron los intelectuales “progresistas” de México que, una vez que el gobierno llegó a encarcelar a más de mil estudiantes, lloraron frente a las cámaras arrepintiéndose), facilitó y desplegó el giro a izquierda del movimiento estudiantil mexicano. La defensa integral del pliego petitorio por parte del CGH llevó a la ruptura con la corriente del PRD (una especie de Frepaso mexicano que jugándola de combativo buscaba negociar con el gobierno y aplacar al movimiento3). El CGH enfrentó la “salida dentro de los marcos del régimen” que éste pretendía, independizándose así del control de las corrientes burguesas dentro del movimiento estudiantil. La experiencia mexicana nos demuestra que, por las contradicciones que atraviesan a la universidad actual, aún sólo para la defensa de la universidad pública, el movimiento estudiantil debe romper con los personeros burgueses y los mecanismos del régimen universitario dentro de la universidad que son los que han permitido el avance en los planes imperialistas en ella y que traicionan o frenan su lucha contra estos planes cada vez que se plantea.

Quizá sea difícil de ver hoy en el movimiento estudiantil argentino después de 20 años de dominio de la Franja Morada. Contra este peligro, la unidad del movimiento estudiantil con los trabajadores que les había demostrado el Cordobazo, es que la Franja Morada se monta (haciendo pie en la derrota de la generación revolucionaria que había surgido en los ’70) para domesticarlo y homogenizarlo, mientras a nivel nacional el radicalismo hacía lo mismo con el discurso de la “vuelta de la democracia”4, a su democracia burguesa. Ese dominio es el que hoy se está resquebrajando al calor de la crisis de dominación de la burguesía internacional y nacionalmente, a nivel económico, político e ideológico. Pero toda caracterización marxista no es sólo para comprender la realidad sino también para actuar en ella para transformarla. Esa crisis es la que nos sirve de terreno fértil hoy para que nazca un nuevo movimiento estudiantil.

La burguesía sigue siendo la que mantiene la hegemonía dentro de una universidad aceitada en su organización, en sus contenidos y en los personeros que mantiene en ella, para mantener este dominio. Por ello, y porque el movimiento estudiantil tenderá a dividirse, haciéndose eco de las contradicciones que recorren la sociedad, no vemos la posibilidad de ganar al movimiento estudiantil de conjunto en una lucha por “espacios” dentro de la institución. De ahí que el surgimiento de un movimiento estudiantil que cuestione esta universidad y sociedad de clases y se proponga como meta la revolución, tendrá que surgir en un proceso de lucha política contra esos personeros y mecanismos institucionales. Por ello nuestra estrategia como revolucionarios en el movimiento estudiantil es intervenir en toda lucha progresiva del mismo, como es la defensa de una universidad pública, para ganar sectores de las masas estudiantiles que en la lucha contra el mismo enemigo común, se unan al movimiento obrero en la lucha por terminar con la explotación capitalista.

Para una universidad donde realmente se cumplan el ingreso irrestricto, la autonomía y  el co-gobierno para que los planes de estudio no estén subordinados a los intereses de la burguesía en manos de su Estado; un nuevo movimiento estudiantil debe proponerse un pacto obrero–universitario que pelee por que ingresen en la universidad los hijos de los trabajadores, por becas y jornadas reducidas de trabajo para los cientos de jóvenes que trabajan 12 horas por día y no pueden pagar los viajes y materiales de estudio con sus magros sueldos, planteando planes de estudio discutidos entre docentes, estudiantes y las organizaciones obreras para que estén puestos al servicio de la emancipación de los trabajadores y el pueblo5; un programa que exprese la unidad de los sectores más progresivos del movimiento estudiantil con el movimiento obrero, que plantee una perspectiva revolucionaria y la organización democrática para hacerlo. Porque esta lucha enfrenta el carácter de clase de la institución y por tanto la sociedad de clases, no puede pensarse al movimiento estudiantil como sujeto autónomo que dentro de los marcos de la universidad pueda lograr una transformación profunda de ella. Para ello necesitará unir su destino al de la única clase de esta sociedad capaz de emanciparse a sí mismo y así emancipar al resto de la sociedad, por ser aquella que mueve todos los hilos de la economía y aquella en la que se basa la ganancia de los burgueses parásitos de toda la sociedad, el proletariado.

“Del cuestionamiento de la universidad de clases al cuestionamiento de la sociedad de clases” fue una de las conclusiones que nos dejó el movimiento estudiantil en el Mayo Francés. Esa perspectiva es la que movió a los cientos de miles que fueron parte de la defensa en los ‘60 y ‘70 de la revolución cubana. La misma que tuvieron los estudiantes que construyeron el Doble Poder de Filo y del que hoy se cumplen 30 años. Esa es la tradición que queremos retomar hoy.

Desde En Clave Roja ponemos nuestras fuerzas en dar hoy esta pelea como parte esencial en el desarrollo de una corriente revolucionaria en el movimiento estudiantil. Una corriente que retome el marxismo como ciencia de la subversión social y la idea de la revolución, hoy borradas de la conciencia del movimiento estudiantil. Una corriente que recupere las banderas que recorrían el mundo en la década de los ´60: “prohibido, prohibir la revolución”.

Publicado en Boletín de Discusión, Agrupación Universitaria En Clave Roja, Filosofía y Letras, 2000.

1 En la presente nota analizaremos sólo el movimiento estudiantil en la universidad y los cambios producidos en ella. Como aclaramos, el mismo debería profundizarse y ampliarse al conjunto de lo que podríamos definir como movimiento estudiantil e instituciones educativas.

2 La sociedad puede representarse, decía, como una pirámide, cuya base la ocupaban la gran mayoría de la sociedad, los trabajadores, y cuya punta unos pocos parásitos, la burguesía. En la Universidad, en cambio, se daba lo contrario: una gran mayoría de hijos de burgueses y pequeñoburgueses y una minoría de hijos de trabajadores.

3 Cualquier similitud con los “opositores” de Franja Morada (que para peor hoy son hasta del mismo partido que el gobierno) “rompiendo” por el actual ajuste, tomando facultades, hablando “junto a los piqueteros”, no es pura coincidencia, sino la muestra de lo decadente y traicionero de las corrientes estudiantiles burguesas en todo el mundo y de la necesidad de sacárnosla de encima.

4 Dentro de la Universidad, de hecho, copó todos los sectores de la institución, desde rector (que se mantiene de esos años), los consejos directivos, las juntas, hasta sectores de profesores, egresados, etc. Por eso es tan alentador ver hoy nuevos sectores de los docentes dispuestos a enfrentar este ajuste y también a sus direcciones burocráticas “oficiales”.

5 Contra la posible tergiversación de la autonomía universitaria frente al Estado y la burguesía en la “universidad isla”, separada de las necesidades y luchas de la sociedad, en 1971 los obreros mineros bolivianos plantearon a la universidad: “La autonomía ha nacido como consigna democrático-burguesa y como tal ha demostrado que ya es insuficiente dentro del actual proceso revolucionario, que es el resultado de la agudización de la lucha de clases. La autonomía es un fenómeno histórico y no una reliquia de validez universal. Cuando se instaure el gobierno obrero no habrá lugar para la Autonomía Universitaria. En las condiciones políticas actuales la Autonomía es progresiva con referencia al gobierno y porque existen posibilidades de que esa Autonomía sea utilizada por los sectores revolucionarios, particularmente por la clase obrera; mas, en ningún caso y con ningún pretexto puede hablarse de una autonomía con referencia al movimiento obrero. […] La autonomía demoburguesa, nacida para modernizar las universidades y adecuar la enseñanza a las necesidades del desarrollo capitalista, ha concluido convirtiéndose en un serio obstáculo para el perfeccionamiento de la Universidad dentro de los límites puramente liberales. En la práctica se ha tornado en muralla que defiende feudos universitarios y castas reaccionarias todavía agazapadas. La universidad ha sido artificialmente fraccionada, cada departamento lucha y consigue crear su propia Universidad, repitiéndose, así hasta el infinito, las mismas facultades de enseñanza liberal que ya no serán realmente liquidados mediante aislados planes de asistencia social” (Planteamiento de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, sobre la Universidad Boliviana, basado en los acuerdos  que adoptaron asambleas generales de los trabajadores mineros).

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